Inestabilidad energética y apagones en Cuba, "un problema de salud pública"

2026-07-28 16:44:30 - MUNDO

Para muchos latinoamericanos, los cortes de energía son un fenómeno familiar, que usualmente obliga a interrumpir la vida cotidiana por un corto período, sin alterarla.

Sin embargo, en algunos países de la región, la excepción se ha convertido en la regla, y los apagones prolongados trastornan el ritmo del día a día, lo que implica intentar adaptarse permanentemente a un estado fuera de lo común.

Cuba, por ejemplo, sufre una profunda crisis energética desde 2024. Actualmente, los cubanos solo cuentan con pocas horas de electricidad al día, y suelen pasar más de 20 horas consecutivas sin corriente en La Habana, y más de 48 horas seguidas en el resto del país.

"Los apagones prolongados no afectan únicamente la iluminación del hogar: interfieren con la preparación y conservación de los alimentos, el descanso, el trabajo, el estudio, las comunicaciones, el cuidado de niños, personas mayores o enfermas y, en general, con la posibilidad de mantener una rutina relativamente estable", apunta el cubano Yunier Broche-Pérez, director general del centro de terapia Prisma Behavioral Center, en Florida.

Junto con la Dra. Zoylen Fernández-Fleites, el Dr. Broche-Pérez realizó en 2025 un estudio sobre los efectos de los apagones prolongados sobre la salud mental de los cubanos.

A la luz de sus celulares, estas personas juegan dominó desafiando los recurrentes cortes de energía.Ramon Espinosa/AP Photo/picture alliance

El psicólogo documentó cómo la sociedad se vio obligada a reorganizarse constantemente en torno a la disponibilidad de electricidad.

"Las personas posponen actividades, cocinan cuando pueden, cargan los teléfonos durante breves períodos de servicio y modifican sus horarios de sueño, trabajo y estudio. Esa adaptación permanente consume tiempo, recursos físicos y energía psicológica. No se trata simplemente de 'acostumbrarse': vivir bajo una interrupción recurrente e impredecible puede generar un agotamiento acumulativo y una sensación creciente de pérdida de control", explica Broche-Pérez, en entrevista con DW.

Asimismo, la interrupción de la vida cotidiana está estrechamente relacionada con el malestar psicológico, señala el entrevistado.

Ansiedad o nerviosismo, dificultades para dormir, irritabilidad o cambios de humor, desesperanza o falta de motivación son algunos de los síntomas que mencionaron los 415 adultos, residentes en Cuba, que participaron en el estudio.

"Encontramos porcentajes muy elevados de síntomas clasificados en el rango extremadamente severo: 55,4 por ciento para depresión, 66 por ciento para ansiedad y 65,8 por ciento para estrés", detalla Broche-Pérez.

No obstante, también puntualiza que el estudio no permite afirmar que los apagones sean la causa única de esos síntomas ni que los porcentajes representen exactamente a toda la población cubana.

"Desde el punto de vista psicológico, la imprevisibilidad también es muy relevante", explica el psicólogo. "Cuando una persona no sabe cuándo se irá la electricidad, cuánto durará el corte ni cuándo podrá completar una actividad esencial, se mantiene en un estado de vigilancia y anticipación".

De ahí que el experto insista en que "la inestabilidad energética debe entenderse como un problema de salud pública y no únicamente como un inconveniente técnico o económico".

Cuba es un ejemplo extremo del impacto de los apagones prolongados, pero no es el único país en América Latina que se enfrenta a este fenómeno. Redes eléctricas débiles, falta de mantenimiento y daños por desastres naturales han provocado o siguen provocando cortes de energía prolongados y recurrentes en países como, por ejemplo, Venezuela, Puerto Rico y República Dominicana.

También Ecuador se vio sumergido en una crisis energética en 2024. Entre septiembre y diciembre de ese año se vivieron los episodios más graves. Los cortes eran diarios, tuvieron lugar en distintas zonas del país y alcanzaron hasta 14 horas consecutivas, dice a DW Vanessa Triviño Burbano, neuropsicóloga y docente de la Universidad Politécnica Salesiana, en Guayaquil.

En este caso, la sequía y el bajo nivel de los embalses evidenciaron "la fuerte dependencia de la generación hidroeléctrica y las limitaciones estructurales del sistema eléctrico", explica la académica, que analizó el impacto de los apagones sobre la salud mental en Ecuador.

Triviño y sus colegas observaron síntomas psicológicos similares a los que describe Broche-Pérez, en Cuba.

A falta de un generador de electricidad, los dueños de este negocio en Quito alumbran el espacio con una vela. (Imagen de 2024).Rodrigo Buendia/AFP

En el plano socioeconómico, muchos negocios ecuatorianos afectados registraron pérdidas de ingresos y mayores gastos puesto que tuvieron que adquirir generadores como fuente alternativa de energía, comenta la psicóloga.

A su juicio, los apagones pusieron de manifiesto "las desigualdades sociales, porque no todas las familias o no todos los negocios podían adquirir estos generadores o baterías o energías alternativas".

Triviño menciona, además, que la inseguridad aumentó en las noches. También el cubano Broche-Pérez cree que, durante la noche, algunas consecuencias de los apagones se intensifican.

"La falta de ventilación en un clima cálido, el ruido de las personas que permanecen despiertas, los mosquitos, la oscuridad y la incertidumbre sobre cuándo regresará el servicio dificultan el sueño. También aumentan la sensación de inseguridad", subraya.

Independientemente de cuándo tengan lugar, los cortes de energía también afectan el transporte de las personas, que muchas veces deben pagar un costo muy elevado para trasladarse en relación con sus ingresos.

"Se utilizan automóviles privados o servicios de transporte informal cuando están disponibles, pero también triciclos eléctricos, bicicletas para las distancias más cortas y, con mucha frecuencia, las personas simplemente caminan", enumera el psicólogo cubano.

Redes eléctricas débiles, falta de mantenimiento y daños por desastres naturales suelen ser las principales causas de los apagones prolongados.Rodrigo Abd/AP Photo/picture alliance

Para reducir el impacto psicológico de los apagones, Broche-Pérez recomienda tratar de conservar, en la medida de lo posible, rutinas básicas de sueño, alimentación, hidratación y descanso. "Puede ser útil establecer una rutina alternativa para los días de apagón", agrega.

Asimismo, destaca la importancia de las redes comunitarias para "compartir información y recursos, espacios con respaldo de energía para conservar medicamentos o cargar dispositivos, apoyo específico para hogares vulnerables y una comunicación pública transparente".

Sin embargo, al final, Broche-Pérez insiste en que las recomendaciones individuales no pueden sustituir la responsabilidad institucional de garantizar un servicio eléctrico estable: "No debemos trasladar a las familias la responsabilidad de adaptarse indefinidamente a una crisis estructural que no tienen capacidad para resolver", advierte.

(cp)

Fuente: dw.com
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